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Para ganar, hay que intentar

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Fuente: Carolina Jaramillo.

Por: María Romero

—Para el arte siempre va a haber tiempo, pero para el amor siempre va a haber el doble del tiempo.
Mauricio intentaba mostrarle a Ela, más allá de las clases de filosofía, que su talento para escribir merecía atención. Aunque ella desconfiara hasta de su propia sombra.

A Ela le costaba aprobar cualquiera de sus asignaturas, pero las letras se habían convertido en su manera de desahogarse al plasmar secretos, de esos que te lastiman si los intentas ocultar.

Al cumplir 13 años, sufrió de bullying escolar lo que la llevó al borde del suicidio. Esto la hizo sumergirse en una depresión constante.

Tiempo después Ela se mudó de la ciudad, cambiando así de colegio. En ese momento conoció a siete niñas que la apoyarían incondicionalmente y harían que Isabella Granado Peñaloza escribiera los inicios de su primer libro “Llámame Ela”.

Soy la suma de mis errores

Al crecer, Ela decidió aferrarse a aquello en lo que era buena: escribir. Pero al ser Bogotá una ciudad costosa y ya que ella pertenecía a una familia numerosa, decidió aplicar por una beca y conseguir varios empleos para entrar en la universidad de “La Sabana”. Allí aprendió mucho más del arte de la redacción en la carrera de comunicación social.

Mientras, seguía en busca de una editorial que apostara por su libro y aunque lo consiguió luego de seis años, ella comprendió que invertir mucho dinero en la publicación de su primer libro había sido un error.

Para el sexto semestre, sus responsabilidades y ocupaciones habían incrementado notablemente. Esto la condujo a su segundo error, donde se olvidó de ella misma, cayendo en una depresión crónica.

Pasarían un par de meses antes de que Ela se encontrara una vez más en las letras, pero esta vez regresaría para quedarse y escribiría algo tan crudo como la realidad. Algo que podría leer en sus días más oscuros y le recordarían que tantas lecciones aprendidas habrían valido la pena.

Para dar

Finalmente Ela decidió trabajar en el amor propio, aceptando que los problemas siempre estarían presentes en su vida y muy probablemente en la de millones de personas que no sabrían cómo enfrentarlos.

Como respuesta, surgió “Olvidando cómo vivir”, un libro donde los tabúes no son una excusa y la muerte no es precisamente tu mayor enemiga. Lo escribió para ti que hoy puedes ser esa Ela de trece años, oculta entre la multitud o aquella de 20 que se sumergió tanto de sus errores que se olvidó de sí.

De estas y muchas otras experiencias que no se había atrevido a contar, Ela dedujo que “la vida es un asco, pero es hermosa y vale la pena vivirla”.

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