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La lámpara que no tiene fin

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Carolina Garnica Oyola

Hacia las 3:30, en medio de la madrugada, cuando la luna aún adorna el reflejo de la bella ciénaga de Ayapel, los pescadores alcanzan a contemplar aquella luz parpadeante que a veces parece alejarse y en otras ocasiones acercarse.

Justo en ese momento es cuando algún pescador decide perseguir esa rutilante luz, esta se aleja y se lleva a quién la persigue a un lugar sin escapatoria, donde cada pescador que decide atraparla resulta atrapado por ella.

Bajo la penumbra de esa majestuosa ciénaga se puede apreciar el sonido de las olas suaves, golpeando cada árbol de mangle que nace ahí.

Muchos pescadores son testigos de ver esta luz, que al parecer tiene forma de lámpara, pero con cada curioso que decide ir tras ella y volver sin vida a los días y un poco desfigurado es aceptable reconocer que no quieren conocer el destino de esta.

Eduardo Román es un pescador, lleva más de 20 años ejerciendo esta labor y asegura haber visto esta luz varias veces, durante varios años.

¿Se le dio alguna vez a usted por perseguir esta incandescente luz?…Es mi pregunta, al escuchar esta historia tan curiosa y acompañada de un poco de terror al saber que cada persona por tratar de atrapar una simple lámpara resulte perdida y sin vida.

“La he visto y la recuerdo perfectamente, cuando la vi por primera vez fue un momento lleno de angustia, y no fue por miedo a que me atrapara o imaginar que sería algún aparato que vendría por mí” Expresó Eduardo.

Pues, muchos turistas tienen diferentes clubes en este municipio, donde la mayoría están ubicados a unos metros de la ciénaga.

Lo que Eduardo percibió en ese instante fue una lancha que se pudo haber quedado sin combustible, pero… ¿A esa hora? Sería muy extraño ver a unos viejos cachacos enrumbados a cierta hora de la madrugada, pero podía existir la posibilidad de que fuese así.

Lo cierto es que Eduardo en medio de esa incertidumbre quiso dirigirse hacia allá pero algunos de sus compañeros supusieron que esos cachacos no le temen a este tipo de cosas, y aun así seguro ya habían avisado a sus trabajadores.

Esta vez hicieron caso omiso a ella, pero la segunda vez que la vieron ya fue mucho más extraño y sí se les ocurrió a algunos de sus compañeros ir por ella.

“Vamos Eduardo, no seas aguacatado, dónde está el varón que criaron amenazando con salirle el diablo y nunca temió a eso, para venir a temerle a una pendejita luz en esta ciénaga que conocemos como la palma de nuestras manos”, dijo el Chane, pescador y amigo de la infancia de Eduardo.

“Nombe viejo, no voy a buscar lo que no se me ha perdido, eso no me va a dar plata ni mucho menos me llenará la canoa de bagres buenos, mojarras frescas y unos 500 bocachicos, yo mejor espero a que mi chinchorro se llene y cojo vuelo pa´mi casa”, fueron las palabras con las que Eduardo le respondió  al Chane.

El Chane y unos cuantos amigos decidieron irse en busca de su lámpara, pasaron las horas y ninguno de ellos llegó donde Eduardo para regresar a vender sus pescados.

Cerca de las 7:45 am llegó Chane y algunos de sus compañeros, pero faltaba uno, Joselito Pérez, el viejo conductor de barquetas.

¿Y dónde se quedó Joselito? Pregunta Eduardo. Al ver que él no regresó.

“Viejo la verdad es que esa cosa estaba rara, se veía ahí mismo y cada vez se alejaba más, nosotros nos quedamos por allá por “La loma” y Joselito de terco siguió solo y no volvió”, expresó el Chane.

Eduardo, Chane y los otros señores se fueron a vender sus pescados y se olvidaron del tema. Tipo 3:15 pm se escuchó en el pueblo que había un ahogado.

Ahí fue, Joselito Pérez, fue encontrado con unos goleros, a la orilla de la ciénaga en un corregimiento llamado “Caño Barro”.

En el pueblo todos pensaban que era un tipo de ahogado normal pero quienes no comprendían lo ocurrido fueron los pescadores.

“La lámpara que no tiene fin” ese encanto que decoraba nuestra bella ciénaga pero solo era una trampa para atrapar a quien deseaba seguirla, aparatos como este, algunas brujas en los árboles de mangle, aquellos viejos chiflidos hicieron en ese entonces ver a la ciénaga como parte de juegos de brujas y porquerías más.

No solo fue Joselito a quién se llevó esa lámpara. Pudo arrastrar cerca de unos 10 pescadores más, dejándolos sin vida.

Hoy día todos estos relatos hacen parte de esas leyendas con las que varios pescadores entretienen a sus nietos, y hacen parte de los sucesos ocurridos durante años.

Pero nadie pudo atraparla y al final nunca más apareció.

Pescadores como el Chane y Eduardo, siguen ejerciendo la pesca, pero no de tal forma como antes, y no es por miedo, sino por los años de edad que llevan estos señores.

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