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Un ángel de la guarda existe en Coveñas

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Por: Adriana Narváez Núñez

 

—Es que simplemente no podía encontrar respuesta a mi pregunta; no entendía por qué me estaba ocurriendo a mí. Tantos jóvenes que estaban en la escuela obligados y yo viendo como mi mayor sueño se iba a la porra.

Estas fueron las palabras con las que me recibió Santiago González, un Caleño moreno, de 23 años que estaba en el 3er semestre en la escuela de infantería sede de Coveñas (Sucre).

Intrigada me pregunté a qué se refería. Noté su mirada llena de nostalgia y tristeza; en ese momento comencé a elaborar hipótesis.

—Llegué acá a Coveñas con el sueño de entrar a la escuela —continuó—, pero… como todo en la vida, girando el mundo alrededor del dinero…

Situó su mano derecha el rededor de su boca y se quedó mirando a lo lejos, como recordando cada escena de lo que le habría sucedido año y medio atrás. Volvieron ideas a mi mente para resolver su acertijo: así lo veía, con intriga.

—No tenía ni un centavo para poder entrar a la escuela, —me dijo—, y aunque todos los papeles estaban diligenciados a la perfección no era suficiente, necesitaba pagar el semestre y mi familia no tenía como apoyarme. Me dieron un periodo de prueba para ver si lograba entrar con una beca pero no me podía quedar en la escuela. Así que así, sin un solo peso en el bolsillo, pasé 15 días en Coveñas.

Su testimonio me impactó al punto de interrumpirlo:

—¿Dónde dormías? ¿Qué comías?

—Un ángel guardián —me sonrío simpático.

Mi rostro se contrajo sorprendido: ¡WTF!

Volvió a sonreír y continuó:

—Dios me envió un ángel guardián, un completo desconocido dueño de un pequeño hotel en Coveñas me dio hospedaje y comida durante esos 15 días, sin cobrarme absolutamente nada; mi familia me llamaba y nunca se cansaron de insistirme en que regresara; pero yo vine por una meta, por un sueño, por una pasión y no dejaría que nada y nadie me la arrebatara, por más difícil o imposible que se viera.

Mis ojos se humedecieron un poco y el corazón comenzó a latir un poco más rápido de lo normal, pero en mi mente aun no estaban claros los motivos.

Pidió a un compañero, con un tono fuerte y muy seguro que por favor le trajera dos jugos a la mesa donde nos encontrábamos; a pesar de no ser yo quien hablaba tenía la garganta seca y me tomé media botella de jugo de un solo sorbo. Lo observé casi un minuto mientras él intentaba quitarle el papel al jugo. Le pregunté ansiosa sobre la odisea que pasó para llegar hasta donde está ahora.

—Para no alargarte el cuento, presente el examen que nos hacen acá, y aunque me fue muy bien siempre salía un nuevo obstáculo, hasta que con ayuda de mis superiores, logré obtener una beca con Icetex. Desde ese momento emprendí la carrera de mi vida, esperando llegar al final con el mayor de los éxitos, porque como dice nuestro lema:  “Voluntas Omnias Superat”, “La Voluntad Todo Lo Supera”. En éste me apoyo y lo haré siempre.

Nota: El nombre del Infante fue cambiado por confidencialidad.

 

 

 

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