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“La Flecha Roja”

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Por Conny Romero.

 

Hace treinta y cinco años era llamado “Flecha Roja”, el ciclista nacido en la ciudad de Montería, con estatura mediana, ojos verdes y cabello rubio; iba a todos lados en su bicicleta. Hoy día, con 70 kilos de peso, cabello canoso y aspecto desaliñado, por razones de la edad, recuerda la época de juventud, cuando su padre fundó el primer taller de equipos de ciclismo en la ciudad -en el garaje de su casa- ensamblaba y arreglaba bicicletas, en ese entorno se crio Sergio Elías Romero Rubio, siendo el aprendiz de su padre, quien le enseñaba día y noche. Comenta que en su hogar no podían faltar las pilas para la radio, medio por el cual, escuchaban la vuelta a Colombia.

  • Papá ¿A qué edad empezó a practicar el ciclismo? ¿Cómo se siente al montar la bicicleta?
  • Pues hija desde muy temprano, era el alumno de tu abuelo -sonriendo de manera continua- cuando tenía diecisiete años empezó todo, lo llevo en la sangre, cuando me subía a la bicicleta me sentía libre, como “nuevo”, es un placer estar en ella, siempre será mi pasión.

De lunes a viernes practicaba con el pelotón, por la vía de Cereté hasta Lorica, se preparaba para ir al clásico de Barranquilla, afirmando que para ser el mejor en este deporte hay que tener disciplina y buenos pulmones.

  • ¿Participó en el clásico de Barranquilla?
  • No, nos volamos de la casa con un grupo de seis colegas, nos dirigimos a Medellín a conocer la carretera y claro, a practicar hijita.
  • ¿Cuántos días se demoró para llegar a la ciudad de la eterna primavera?
  • Demoramos tres días en llegar, más los imprevistos, nos quedamos en un cuarto de motel. A la mañana siguiente, con el cuerpo fresco, seguimos nuestro recorrido, las carreteras no eran como las de ahora y nuestros cuerpos calientes no estaban acostumbrados a la altura de Medellín, pero esa locura no la vuelvo hacer. Cuando por fin llegamos, llamé a mis padres a decirles que no se preocuparan, pero mi señor padre era de un temperamento fuerte.

Continúo diciendo lo ágil y veloz que era en su juventud, con ojos melancólicos recordó lo feliz que era practicando este deporte, habló de su primera novia llamada “la fiera” que no era más que su bicicleta. Cuando pronunció esas palabras sus ojos brillaron, su sonrisa se arqueó y su mente se transportó hacía esos momentos, movía los dedos de los pies rápidamente como si los tuviera en unos pedales. Al volver a la realidad, sus manos temblaban, extendiendo el brazo tomó un vaso de vidrio que estaba al lado de su cama, hizo una pequeña pausa, tomó agua y dirigiéndose a mí dijo: ¡Sigamos!

En los años siguientes, continuó con disciplina practicando el ciclismo, compitiendo en carreteras por algunos pesos y claro, por diversión. De lo único que se arrepiente, es el no haber terminar su carrera profesional, continúo diciendo que este deporte tiene edad, después de cierta edad no sirves.

  • ¿A qué edad se retiró y por qué razón?
  • Me retiré oficialmente a los 40 años porque el cuerpo ya no rendía igual, comencé a sentir dolores en el tobillo izquierdo, sentía rigidez en mi cuerpo e insomnio, pensaba que era algo leve y me dirigí al doctor para salir de dudas, al llegar me hicieron un examen físico y determinaron que tenía Parkinson. Con dudas en mi cabeza e incrédulo con ese diagnóstico, me dirigí a buscar especialistas sobre el tema, fui a Cartagena y luego a Medellín recomendado por amigos, ya que en esas ciudades están los médicos más cotizados en Colombia, todos me dieron el mismo diagnóstico.

Al comienzo de su enfermedad, atravesó una etapa de incredulidad y miedos, debido a que su padre murió al no ser tratado a tiempo, su temor era la muerte. Sus ojos llenos de lágrimas, contaban lo difícil que fue de pasar de ser un hombre activo a uno pasivo y depresivo.

En su ardua búsqueda de posibles tratamientos, encontró un médico en Medellín quien le habló de una cirugía llamada Terapia DBS, donde se utiliza un dispositivo médico denominado electrodo, que se coloca completamente dentro del cuerpo, el cual envía señales eléctricas a un área del cerebro, controlando así el movimiento, pero solo se realiza a pacientes en estado crítico, por lo que mi papá no es candidato para esta.

En estos momentos, la dosis en medicamentos es alta, si un día se pasa la hora de la pastilla, pierde la estabilidad corporal, especialmente, en los miembros superiores e inferiores, los dedos de sus manos se doblan hacia atrás y su caminar se torna lento, llegando a arrastrar sus pies; todas estas, consecuencias de la enfermedad. Al finalizar la entrevista, prende su televisor y dice: ya es hora de ver la Carrera Oro y Paz.

 

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