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La arquitectura monteriana: patrimonio cultural en el olvido

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Por: Aniana Padilla y Saith Vertel

Al recorrer la avenida primera, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, reconocido como el parque lineal más grande de Latinoamérica, se respira un ambiente de armonía.

El rio Sinú, acompañando su recorrido, enriquece aun más el paisaje de este espacio de la ciudad, los árboles que adornan la ronda del Sinú sirven como hogar de especies de la región; así como el león es el rey en la selva, la iguana impone su estatus jerárquico como reina en la ciudad.

Este icónico lugar se ha convertido hoy día en punto de encuentro para muchos, algunos por trabajo y otros por diversión. El contraste de la avenida primera es bastante notorio, por un lado se observa el ambiente ecológico a orillas del rio sinu, rico en vegetación y especies, pero al cruzar la calle, aun es posible apreciar el patrimonio arquitectónico de la ciudad o por lo menos, lo que aún queda de él.

El proceso de globalización en el mundo obliga a grandes y pequeñas ciudades a competir entre sí, a obtener crecimiento económico, tecnológico y de infraestructura. Esta es la principal razón por la cual Montería, tratando de adaptarse a la nueva era, ha sufrido una transformación considerable.

En épocas anteriores, las casas de la avenida primera, se caracterizaban por ser construidas con materiales de la región, como la palma, que además de obtenerse fácilmente, también servía como aislante para combatir las altas temperaturas del clima monteriano.

Con el pasar de los años, se utilizó otro material conocido como bahareque, una mezcla de armazón de madera y esterillado de caña, cubierto por una capa de boñiga de vaca, que proporcionaba un ambiente mucho más fresco a las casas gracias a la humedad que este material preservaba.

Posteriormente, la madera sirvió como el nuevo material de construcción de vivienda en la ciudad.

La arquitectura de la ciudad hace algunas décadas fue muy elemental, de la cual poco se conserva en la actualidad, esas casas anteriormente estaban rodeadas de  oscuridad debido a sus pocas aberturas al exterior. Predominaban las necesidades primarias sobre el lujo, de ahí, la sencillez en su arquitectura.

La arquitectura antillana ocupó un lugar importante en la región, puertas y ventanas con alturas exageradas adornaban las nuevas construcciones en la ciudad. Este tipo de arquitectura se podía encontrar en las casas ubicadas en la avenida primera, que en su mejor época pertenecieron a las familias más importantes y adineradas de la ciudad.

Los lotes de estas casas abarcan un gran terreno, en cada manzana; cuatro casas eran construidas, cada una de ellas con grandes solares. La tipología de estas majestuosas casas estaba constituida por un rectángulo con seis espacios, un espacio central, que hacían el papel de la sala y el comedor, cuatro habitaciones a ambos lados de ese espacio, los baños y la cocina eran espacios un poco alejados de los otros.

Esta distribución de espacio, ayudaba a la evacuación de los aires calientes, muy comunes en la ciudad, de esta forma se mejoraba el clima al interior de las casas. La altura de los cielorrasos nunca era menor a cuatro metros, dando alusión a los grandes castillos y mansiones que se muestran en las películas.

Estos altos cielorrasos permitían grandes aberturas al exterior como ventanales que generalmente tenían dos cuerpos funcionales, uno que le brindaba privacidad a la casa al permanecer cerrado y otro que permitía constante ventilación.

Sin duda alguna, la arquitectura vernácula es la más representativa de la ciudad, estas construcciones primitivas con materiales de la región y que se adaptaban al medio, fueron la solución a una necesidad básica de los monterianos, sin embargo, esta parte de la historia de la ciudad se ve empañada por la era moderna arquitectónica.

En la actualidad, muchas de las construcciones que hacen parte de la historia monteriana, están desapareciendo, el nuevo estilo de vida ajetreado en la ciudad, las numerosas familias que han llegado de otras partes del país y por supuesto el famoso proceso de globalización, han contribuido en la fulminación de estas.

Estas antiguas construcciones han sido remplazadas por grandes y modernos edificios, construidos en materiales pesados y calientes, que no son para nada apropiados para el clima de la ciudad, lo cual ha traído como consecuencia la utilización de aparatos tecnológicos para combatir las fuertes temperaturas, como aires acondicionados, que además de generas altos costos en el sistema de energía eléctrico, tampoco son de gran agrado para el medio ambiente.

Las pocas edificaciones que aún se conservan, están en muy mal estado, como salidas de una historia de terror; con pinturas desgastadas, fachadas destruidas, puertas y ventanas deterioradas, se pueden observar muchas de ellas a lo largo de la avenida primera.

Otras de estas casas, han tenido una suerte diferente, aunque no mejor, han sido reconstruidas y adecuadas para negocios como casinos, colegios, empresas y hasta entidades de salud, lo cual es una pena porque no se está valorando una parte importante de la historia arquitectónica monteriana.

El espacio urbano también sufre consecuencias importantes, desaparece notablemente, las nuevas construcciones que se aprovechan del espacio para crear mayor cantidad de viviendas deja a la ciudad con pequeños andenes y lugares para transitar.

Las calles en concreto, un factor que aporta a altas temperaturas, y que acabaron con gran parte de la arbolarizacion durante su construcción, le dan una nueva cara a la ciudad, si! Definitivamente ahora es una Montería moderna pero también es una Montería que se está olvidando de sus raíces y su cultura, cegándose por la vanidad y los lujos de la nueva era.

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