Inicio Crónicas Carlos Romero y su vivencia en la Armada

Carlos Romero y su vivencia en la Armada

111
0
Compartir

 

Por: Alejandra Giraldo Arenas

 

Coveñas.

La escuela de formación de infantería de marina, alma mater de los suboficiales de este cuerpo, ubicada en Coveñas (sucre); dotada de una gran infraestructura para brindar la formación profesional a los alumnos, bajo el modelo integral de principios y valores que proyectan su actuar como líderes de entrenamiento y gestión militar. Son hombres capaces de comandar, conducir, instruir y administrar con excelencia una escuadra en el campo de combate; esta unidad se perfila como la más grande de Latinoamérica…

La carrera de suboficial de infantería que se ejerce en esta unidad, tiene una duración de dos años, reciben capacitación intermedia y avanzada que les permite desarrollar sus habilidades como docentes de gran proyección social, para finalizar como cabos terceros; el tiempo que lleven y los cursos que realicen, les darán antigüedad y de acuerdo con eso, adquieren el mando correspondiente. La vida en la armada nacional es organizada y disciplinada, a lo que muchos alumnos no se acoplan y optan por pedir la baja.

Al visitar esta instalación, hubo un espacio en el que se pudo interactuar con los alumnos que allí se están formando. Dentro del grupo, llama la atención Luis Carlos Romero Martínez, joven de 21 años y oriundo de Cartagena. Al inicio de la conversación, Carlos intenta narrar una anécdota––­suelta una carcajada––y luego de unos minutos dice: “yo estaba estudiando mecánica naval en la universidad; tiempo después, no quise seguir e ingresé a la armada, pensando que no iba a ser tan académica y resulté estudiando más que en lo civil; aun así, me he sentido a gusto en el año que llevo”.

Al ingreso a la escuela, Carlos dice no haber ingresado en barranquilla porque allá es naval y en Cartagena oficial de naval e infantería, por ende, más costosa; debido a esto, ingresa a Coveñas. Asegura que no cambiaría la infantería por la naval, puesto que, le parece más interesante por los cursos que esta le brinda, como el de lancero (combate), curso el cual le llama más la atención; (como suboficial en formación este es primordial para el ascenso a sargento).

El alumno Carlos comenta que su primera semana fue difícil; puesto que, él no estaba acostumbrado a mucha actividad física, a los gritos y a levantarse tan temprano––con un rostro afligido––dice que, en las primeras noches pensó en marcharse, pero sus compañeros lo ayudaron a mantenerse, desde ese momento aceptó que eso era lo que había escogido y siguió en su preparación militar.

Tiempo después––se refleja una sonrisa en su rostro––a lo que rápidamente dice: “pagué la novatada y caí en la broma de un superior; se trata de un sargento, el cual estaba vendiendo hamburguesas por el alojamiento (no se puede comer ahí), junto con cinco compañeros compramos hamburguesas a escondidas; al cabo de unos minutos llega el brigadier, quien siente el olor a comida y procede a revisar la laca de la cama donde uno duerme y encontró las hamburguesas; luego, el brigadier nos lleva al baño y nos coloca a tomar agua hasta que vomitamos––hace un gesto sonriente y se rasca  la cabeza––dice:  “esto no se me olvidará jamás”.

Después de un momento de silencio, Carlos continúa diciendo que; el orden y el aseo es un principio de régimen militar, los martes pasan revista al alojamiento, y si no se cumplen las normas establecidas, los colocan a “voltear” en horas de la noche o alargan la jornada de guardia del alojamiento como castigo.

En este primer año de escuela, dice sentirse contento; aunque, manifiesta que es largo el trayecto; ya que, inician como aspirantes, luego de pasar tres meses de prueba juran bandera, convirtiéndose en alumnos, al año pasan a la compañía pesada donde ascienden a alférez. La meta principal es graduarse como suboficial de la armada nacional, en el grado de cabo tercero de infantería de marina, con una de las opciones tecnológicas que ofrece la escuela. El alumno de tercer semestre, cada día se enamora más de su carrera y su gran aspiración es llegar a ser sargento mayor.  Como anécdota comenta que, hizo parte de una obra de teatro, pero siente que no le fue tan bien, por lo que le quedó claro que eso no era lo suyo.

Para Carlos romero, la mejor decisión que tomó fue hacer parte de la escuela de Infantería Marina; ya que, le ha permitido crecer como persona, tener aspiraciones en la vida y ser un hombre de principios y valores. La escuela con su lema “La voluntad todo lo supera”, le impulsa siempre a seguir creciendo y a alcanzar la meta deseada.

 

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here