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Gabriela Padilla, hilos de plata

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Gabriela la mujer de las experiencias con 98 años de edad demuestra que todavía esta hecha de todo y para todo.

Andry  Vidal

Florida, Córdoba vía Tierralta

Sentada en una silla plástica de color azul con su cabellera larga y de plata, su sonrisa siempre presente y sus ojos ya un poco apagados, pero siempre reflejando todo su amor y ternura está sentada doña Gabriela Ambrosia Padilla más conocida como “Padilla” en su pueblo Florida, Córdoba vía Tierralta del corregimiento de Santa Isabel y está acompañada de su fiel compañero Nerón un perro que está con ella hace aproximadamente tres años.

Mientras pasa un suave viento y el sol empieza a calentar “Padilla” cuenta su larga historia de vida llenándola de momentos alegres y también unos no tan agradables, pero de esta manera comienza la aventura.

Nacida el 19 de marzo de 1920 en ciénaga de Oro, Córdoba; hija mayor entre más de 10 hermanos y actualmente con 98 años de edad.

“Ya no me cocino con toda el agua del rio” dice doña Gabriela soltando una carcajada.

Una mujer analfabeta por no saber aprovechar las oportunidades de sus padres, pero fuerte y oportunista al momento de ir creciendo. Cuenta que en todas sus experiencias de vida ha logrado conocer muchas personas como la famosa familia de los kerguelén para la cual trabajó cocinando y lavando durante mucho tiempo, pero por problemas de memoria no recuerda con precisión.

“Uh seño, yo tengo bastantes conocidos en Montería, lo que es que ahora no puedo salir sola porque ya estoy que me duelen las piernas y así no puedo salir, si voy lo hago con un hijo”

Por medio de la familia Kerguelen conoció a Elías Bechara para el que trabajó como ayuda en oficios varios del hogar luego de haber renunciado a su antiguo empleo con los Kerguelén; viviendo allá y compartiendo con la familia Bechara gran parte del tiempo. “vieja” como la llamaba el doctor Elías sin importar la edad, es un apodo que jamás borrara de su mente ya que al momento de partir Elías fue un gran dolor para Padilla.

“Yo cocinaba, lavaba y le almidonaba las chaquetas hasta que le quedaran tesas al doctor Elías” dijo Padilla haciendo señas de cómo lo hacía.

Con el tiempo, aproximadamente a los 35 años de edad se conoció con el difunto Marceliano Sáenz y se fueron juntos a vivir al pueblo en el que actualmente reside llamado florida.

“Cuando llegue al pueblo el terreno nos costó 300.000 (trecientos mil) y mide 28×28, ahora en día cuantos chivos no costará” dice mientras pasa la mano suavemente por su rostro y me deja ver una pequeña sonrisa.

Como de costumbre se realizaban fandangos y ella con dos amigas más, Mercedes Garcés y Elida Méndez, nunca se lo perdían.

“Si no iba con ellas no salía, pero me gustaba buscar mi cabo de vela porque no era buena bailarina entonces mejor me quedaba viendo, pero con mis velas en la mano “Padilla.

Es madre de 6 hijos, pero lastimosamente una de ellas murió a los quince días de nacida sin embargo siguió adelante con sus 5 hijos, hasta lo que son ahora 4 hombres y una mujer. De su hija no sabe mucho, solo algunas veces que se comunican con ella ya que vive en Barranquilla y nunca la visita, pero sigue con el respaldo de sus cuatro hijos.

Actualmente doña Gabriela sigue viendo en el mismo pueblo y en la misma casa con dos de sus hijos varones, Manuel Domingo Sáenz, a quien lo apoda como “Mingo” y Campus Pastrana Sáenz.

Se sienta todos los días en la misma silla azul y recostada en la  puerta de su casa hecha de palma y madera reflexionando como pasan los años y como poco a poco se acaba su generación siendo ella un gran ejemplo de vida que a pesar de tener 98 años y de que no vive en las mejores condiciones se levanta cada día antes de las 7 de la mañana cocina, lava, plancha y riega sus matas con agua de lluvia que recolecta en frascos platicos y lo que nadie se imagina es que es capaz de ensartar el hilo en una aguja.

“Intento la primera vez y nada después la segunda y nada entonces digo ay papito Dios como no me vas ayudar a ensartar esta aguja y en la tercera enseguida la meto “Me cuenta mientras hace los gestos con sus manos.

Hoy en día todo el que la conoce le da la curiosidad de hablar con ella incluso de tomarse fotos porque además tiene una larga y hermosa cabellera que se la cuida lavándola con jabón de lavar y manteca negrita de corozo.

“Seño esos médicos y la gente les gusta tomarse retratos conmigo y yo les digo que si para que y me dicen que es porque ojalá llegaran a esta misma edad” esto lo dice mientras se reí y muestra gran alegría y orgullo.

Doña Gabriela es una persona que no ha sufrido ninguna enfermedad, ni infecciones a pesar de que siempre su agua es recolectada de la lluvia y la utiliza para todo, tanto que la envasa en una tinaja (recipiente hecho en barro) para luego utilizarla cuando la necesite, pero como se dice, los años no llegan solos, me cuenta que poco a poco va perdiendo su habilidad tanto para caminar como para escuchar y ver.

En fin, Doña Gabriela, “Padilla” o hilos de plata ha sido uno de los robles que más ha durado en el bosque de la vida y sigue dispuesta a esperar todos los años y experiencias que le hagan falta por vivir.

 

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