Inicio Crónicas Los libreros, un oficio ingrato en la ciudad del caos ...

Los libreros, un oficio ingrato en la ciudad del caos (I Parte)

229
0
Compartir
Héctor Pérez es uno de los libreros más veteranos y quien da testimonio sobre la crisis que padecen al menos 30 vendedores de libros de la Plaza Montería Moderna. Foto/ Estudiantes comunicación Unisinú

Urbanismo/ La plaza Montería Moderna

En la plaza Montería Moderna de Montería (Córdoba) se vive a diario un drama por la supervivencia. El sitio, considerado emblema de la ciudad, está hoy anclado en el olvido y desconectada del resto del Centro.

 Por: Grupo Reporteros Unisinú, IV Semestre (*)

MONTERÍA

En la Plaza Montería Moderna, ubicada en pleno centro comercial de Montería, donde hasta hacen unos 40 años se torearon los toros criollos más bravos de la región Caribe, al menos 30 libreros luchan hoy por sacarle trapazos a la vida. Y no es para menos, son muchas las razones que los tienen prácticamente en la quiebra.

Hace nueve años los libreros, que se encontraban en el Parque Laureano Gómez y en la Avenida Primera, fueron reubicados en esta Plaza. Se buscaba con ello darle solución al problema del espacio público y acondicionarlos en un mejor sitio.

Sin embargo, la falta de planeación ha generado un problema mayor, a tal punto que es común escuchar entre ellos expresiones como que “el remedio resultó peor que la enfermedad”.

El problema de los libreros presenta distintas variables. La conversión del texto físico a la digital, la falta de un diseño adecuado para sus locales, el haberse convertido el sitio en refugio de indigente y la inseguridad por falta de vigilancia, son entre otros, los motivos que han impactado en la venta de libros impresos.

A lo anterior hay que sumarle el que los colegios privados a inicio de la temporada escolar incluyen módulos con chips que expiran con la terminación del año escolar y que obliga a la compra anual de nuevos paquetes de libros.

Lo económico y lo humano

Héctor Pérez, caleño, 74 años, es el vendedor de libros   más antiguo de la Plaza Montería Moderna, su trabajo como vendedor sigue latente, aunque ya no gana lo mismo desde cuándo comenzó su negocio. A la edad de 15 años fue independiente y empezó a ganarse la vida. Su oficio de librero lo inició en las calles de Cali, luego viajó a Medellín donde se instaló en un local de un edificio del que tuvo que salir porque lo vendieron.

“Por problemas familiares me tocó enfrentarme a la vida desde bien temprano vendiendo revistas y periódicos. Al ver la necesidad de ganar más me dirigí a Medellín con el propósito de que todo cambiara”, dice Héctor mirando siempre hacia arriba, como recordando aquellos días y los desafíos que le había tocado afrontar.

Su esposa se vino de Cali. “Mi esposa llegó sin avisarme y cuando la vi fue en Medellín”.

Pero en Medellín la situación económica se le volvió insoportable, a tal punto que a ella le tocó pedir limosnas. “Vivíamos en la calle, un día la encontré pidiendo limosnas y, ese día, con el alma partida, tomé la decisión de venirme para Montería, donde por referencias la venta de libros era muy productiva, todo era barato y había abundancia”, explica confirmando aquel triste episodio.

Pero llegar a Montería también influyó positivamente en las aspiraciones de Héctor. “Fue aquí en Montería donde he decidido quedarme y educar a mis hijos”, dice mientras sostiene uno de los libros.

Héctor se considera un hombre creyente en Dios y por eso, dice, “tuve el milagro de conseguir mi casa y sacar a mi familia adelante, porque usted sabrá que primero que todo está la familia”.

Tradición y cambio de oficio

El ser librero es un oficio que está en riesgo y que obliga a los vendedores a dedicarse a otros quehaceres para sobrevivir.  Muchos de los que se encuentra en el parque fueron influenciados por sus padres, como el caso de María Elena Pérez Luna, hija de Héctor.

“Al ver a mi   padre vendiendo libros, novelas e historietas, me fui enfocando por la venta de los libros, además mi padre le tocaba pedir plata prestada para comprarlos”, dice Elena Pérez con alegría y orgullo de su oficio heredado de Héctor.

“Me crie en Montería, donde llevo treinta años en el oficio”, recuerda al tiempo que busca un diccionario por el que un señor le ha solicitado.

Al igual que María Elena, otras vendedoras como Shakira Rebolledo han heredado el oficio de sus padres, solo que ella lo ha ejercido con otras actividades como la de vendedora de calzado, de juguetes en temporada de navidad, y en almacenes de cadena.

Otro caso es el de Miguel Pérez, un librero alto y de cabellos entre canoso, quien lleva 27 años de estar vendiendo libros ahora también se dedica a vender, en el mismo kiosco de libros, repuestos de segunda clase para baños, como inodoros, sifones, bombas y palancas. Poco a poco los repuestos han ido desplazando de los estantes a los libros que ahora están apilonado en una vieja vitrina.

“Esto era   tranquilo y me gustaba cada día más, pero ahora me toca vender inodoros para ganar algo de plata”, dice Miguel Pérez al lado de repuestos de baños y libros.

Otro testimonio es el de Germán Guzmán: “a veces me toca cerrar para también vender calendarios”, dice sentado en un banquillo de su negocio. A él la vida le cambió desde que su esposa murió hace 18 años dejándole a su cargo un niño y una niña que hoy día tienen 19 y 21 años.

La reubicación como impacto negativo

La reubicación de los libreros que se encontraban en el Parque de la Catedral y en la Avenida Primera, hacia la Plaza Montería Moderna buscaba básicamente solucionar el problema de la invasión del espacio público; sin embargo, esto ha traído consecuencias económicas para los vendedores. El plazo fue perentorio para que se trasladaran por cuanto de no hacerlo se utilizaría a la policía.

Héctor Pérez recuerda que “inicialmente me resistía a trasladarme voluntariamente y por eso vendía libros en las aceras de las calles y puntos estratégicos de la ciudad, donde llegaba la policía y me echaba, pero finalmente terminé aceptando”.

Próxima entrega  (II Parte): Un diseño que no encaja. Los libreros, un oficio ingrato en la ciudad del caos 

(*) Reporteros: grupo integrado por los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad del Sinú-Elías Bechara Zainúm: Clara Benítez Álvarez, María Fernanda Chica García, María Paulina Viggianni Villadiego, Juliana Jiménez Gómez, Valeria Lozada Echeverri y José Gabriel Pinto. Editor: Ramiro Guzmán Arteaga.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here