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La vial del Rio Sinú, un pasaje a la sabana

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Por: David Martínez

Hasta la década de los cincuenta, llegar a Montería solo podría hacerse por trochas o caminos pedregosos, era hasta ese entonces una ciudad sin carreteras y sin vías de penetración, el rio era la opción más viable para llegar a “La Perla del Sinú”; un itinerario semanal entre Cartagena- Montería era el común denominador, donde se contaban solo cuarenta embarcaciones, la mayoría de ellas bautizadas con nombres sugestivos.

La mañana del jueves 20 de abril, en uno de los pasillos de la Clínica Zayma hago contacto con un personaje conocedor de la historia cordobesa y brindándole un afectuoso saludo discretamente le pedí su número de celular y empecé una tertulia para conocer más sobre los medios de transportes fluviales sobre el Rio Sinú.

El historiador Luis Martínez Alean, miembro de la academia de historia del departamento de Córdoba comenta que: “La gente que quería venir a Montería agarraba una chalupa desde de Cartagena de indias, se venían en cuadrillas, varias, que al principio duraban una semana agua a agua, esas travesías venían dirigidas por Pablo Garcés, chalupero hasta el año 1957 quien falleció en septiembre de 2016, un motor diésel empujaba la chalupa que antes de llegar a Montería atracaba en Lorica epicentro de la navegación cordobesa y después el destino era el puerto fluvial de Montería administrado desde 1900 por los turcos Chagüi”.

Hoy solo son historias del pasado grabadas en la retina de los abuelos que utilizaron chalupas para transportarse de una ciudad a otra, en nuestros días apreciamos este servicio para el turismo y la recreación.

Al salir de la reconocida clínica monteriana, me dirigí a la avenida primera, en el caminar por la verdosa construcción pude divisar en los arboles muchos animales protegidos por la CVS (Corporación de los valles Sinú y San Jorge) monos-titis, iguanas, caporos, osos perezosos, canarios, mochuelos, que con su trinar hacen el desplazamiento más agradable, todo lo anterior hace parte del paisaje que escolta al Sinú.

Al bajar a la playa me encontré con Carlos Pérez Atertua, de 47 años de edad, alto de 1,75 cm, piel “tostada” por el sol, que lleva 20 años en la profesión de arenero y utiliza la canoa como medio de transporte para recolectar la arena y llevarla al sitio de embarque. Pérez Atertua comenta entre risas que la canoa es una fiel compañera “yo me levanto encima de ella (risas) siempre ayuda tener su propia nave y es mía, muchos tienen que alquilarla pero así no rinde tanto” también como las chalupas las canoas que navegan por las aguas del Rio Sinú tienen un pintoresco nombre como identificación en la vía fluvial.

Seguir caminando por el valle del Sinú, deja apreciar embarcaciones autóctonas entre ellas: tenemos los planchones que son barcazas, unos medios de transportes creativos y ecológicos que hacen parte de la historia de Montería, y son tan longevos como la ciudad misma. El Sinú atraviesa de punta a punta la capital cordobesa y para pasar de un lado al otro se necesita utilizar planchones que hacen las veces de puentes peatonales, el servicio por usuario tiene un valor de 500 pesos.

En la actualidad 20 barcazas atraviesan el rio a diario, cada embarcación realiza unos 50 viajes y por sus pintorescas infraestructuras y el colorido que le imprimen sus propietarios es un atractivo turístico.

Al utilizar  el servicio hablé con Never Yesid Almanza Bruno, de 36 años de edad, estatura de unos 1.60 cm, auxiliar de un planchón donde cuenta que: “Desde las 5 de la mañana estamos pasando a la gente de un lado a otro, los turistas vienen y se toman fotos con los planchones porque les llama la atención, todos los días le hacemos el aseo y los mantenemos limpios, aquí los pasajeros leen los periódicos, ¿por solo 500 barritas? ¡Barato primo!”.

Después de haber pagado la cómoda suma de 500 “barritas” como decía el señor Almanza Bruno, decidí pedirle un “chance” o un favor para volver a cruzar, amablemente me colaboró y me fui hasta el punto donde atracan las lanchas, estas manejan la tendencia al turismo, su navegabilidad por las aguas del Sinú es netamente turística, adentrarse rio arriba es un atractivo para propios y extraños que buscan conexión con la flora y fauna.

Jair Chica, un joven, de pocas palabras me cuenta que: “En la lancha es un paseo sabroso por el rio, tú solicitas el servicio y te hacemos el recorrido, aquí más que todo la gente viene es los fines de semana, de resto es quieta la cosa”. Afirma el auxiliar náutico. Estas embarcaciones al igual que las anteriores también llevan nombres sugestivos, entre ellas una que se llama “La Lorenza” en honor su nombre a un majestuoso porro interpretado por la “inconfundible” banda musical 19 de Marzo de Laguneta y que es icono de la cultura sabanera.

Son 415 kilómetros de longitud  donde los medios de transportes fluviales  juega un papel primordial en el crecimiento de la ciudad y que solo perdurará en el tiempo si se trabaja en resaltar su utilidad e importancia como un sistema amigable al medio ambiente, al tomar el bus de retorno a casa decidí llamar al historiador Martínez y le comenté de la experiencia vivida sobre la navegación fluvial en el Rio Sinú.

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