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EL BOLIVITA

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La estatua ecuestre más pequeña de Simón Bolívar

POR: DEYANIRA LOPEZ BARRIOS

El 25 de diciembre de 1928 a las cuatro de la tarde, con desaforados gritos de triunfo, los miembros del barrio abajo, en el municipio de Puerto Escondido, en el sector costanero del departamento de Córdoba, dieron a conocer la sorpresa. Se trataba de una estatua del libertador Simón Bolívar, cuyo tamaño hasta hoy, contrasta con el de su pedestal.

Los primeros pobladores de Puerto Escondido Córdoba protagonizaron esta historia hace ochenta y tres (83) años, cuando este municipio solo era un caserío escondido entre el espesor del monte y la ribera del mar. Ha pasado el tiempo y aquellos días quedaron atrás, sin embargo el monumento de Simón Bolívar permanece en el mismo lugar; “El Bolivita”, como se le conoce entre nativos y visitantes, yace en el parque simón Bolívar.

Es una estatua de bronce réplica de la del escultor Italiano Pietro Teheraní, que por su medida (50 centímetros de altura) es considerada la más pequeña a nivel mundial; una imagen del hombre que siempre soñó y trabajó por la integración de América Latina: El libertador Simón Bolívar.

Cuenta la señora Perseveranda Palomeque nativa de este municipio, que El Bolivita costó Trescientos pesos ($300) y lo pagaron en tres cuotas: la primera de ciento treinta ($130), la segunda de setenta ($70) y la tercera de cien ($100); y la compraron en la ciudad de Cartagena a una firma Italiana llamada Luisini; ella lo sabe porque conserva como un tesoro la factura de compra de la estatua (herencia de sus ancestros).

La razón por la cual hoy se encuentra “El Bolivita” en el municipio de Puerto Escondido obedece a que en el año 1926, se desató una piquería entre los dos barrios que formaban el caserío (el barrio arriba y el barrio abajo). Primero no había división de barrios, luego por organización se distribuyeron de otra manera y ayudados por la naturaleza algunos quedaron en una zona alta y otros en zona baja conformando así los dos barrios; sin embargo, seguían siendo unidos, celebraban la pascua iluminados con la luz de las velas que se derretían al son de los fandangos, pero todo se llevaba a cabo en el barrio arriba; hasta que la discordia llegó vestida de fiesta.

Los del barrio abajo pidieron una noche, una sola noche de fandango, pero su petición no fue bien recibida; así llegó la discordia y comenzó la piquería.

“Estas piquerías eran como peleas de gallo en donde  ganaba el gallo de mejor pique” así lo narra el anciano Campo Elías Medina, quien a sus ochenta y dos años rememora la historia para contarla como a él se la contaron.

“Corría el mes de julio del  año 1928 cuando La Catalina de los Santos navegó por el mar Caribe durante cinco días trayendo a bordo una tripulación  que se sentía triunfante porque los acompañaba el libertador Simón Bolívar” siguió contando el anciano con ojos llenos de recuerdo.

Con pólvora en mano, los miembros del barrio abajo esperaban ansiosos la llegada de la embarcación; mientras que en el barrio arriba también preparaban lo suyo.

Cinco hombres desembarcaron de la Catalina de los Santos, cargando una caja que contrastaba con el tamaño pero no con el peso de su contenido (15 kilos) aproximadamente; sonaron veintiún (21) estallidos de dinamita y se escucharon gritos alegres, así ante la expectación de los vecinos llegó El Bolivita al barrio abajo hoy conocido como Simón Bolívar.

Llegaron los días esperados, comenzó la tercera piquería, desde el 23 de diciembre de 1928, comenzaron a sonar las bandas palayeras en los dos barrios, inició una animada programación que incluía carreras a caballo, carrozas “y entonces se echaban los gallos al ruedo pa´ ver cual picaba mejor” comentó el anciano Campo Elías con una sonrisa de festejo.

Los del barrio arriba hondearon una bandera forrada en billetes, mientras que en el barrio abajo la señora Marciana Hernández a las 4.00pm destapó la estatua de Simón Bolívar, entonces se escuchó una frase gritada: “con café o sin café, pero que viva el barrio abajo”, expresó la señora Nacira Julio, una dinámica mujer que aportó los dos (2) centavos que faltaban para comprar la dinamita, los cuales tenia destinados para comprar el café y el azúcar.  Ella prefirió saborear el triunfo antes que el café.

El barrio abajo ganó la tercera y última piquería. Una piquería que comenzó por una noche de fandango y terminó porque la rivalidad estuvo a punto de cobrar vidas entre los miembros de los dos barrios; pero quedó un baluarte para que la época de las piquerias no sea borrada de la historia de este pueblo: “El Bolivita”, la estatua ecuestre más pequeña de Simón Bolívar.

 

 

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